Ruido (2022): el ruido que causó antes de su estreno



Durante la primera quincena de enero se estrenó en Netflix Ruido (2022) una película dirigida por Natalia Beristain; y con el guion de Natalia Beristain, Diego Enrique Osorno y Alo Valenzuela Escobedo. Como habitante de San Luis Potosí, esta película hizo ruido desde su etapa de producción. Una de las razones principales era que se criticaba el uso de las instalaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, institución que otorgó permiso para que se realizara una performance de una manifestación feminista. Un acto considerado como hipócrita y que evidenció la doble moral de la UASLP, pues, como muchas otras universidades, cuenta con decenas de denuncias de acoso y hostigamiento sexual, y cuyas manifestaciones genuinas de descontento son acalladas sin tregua (por ejemplo, las pintas que realizan luego de una marcha real son limpiadas en menos de 24 horas, para que el edificio otra vez quede pulcro y sin rastro público de la cochinada que hay adentro). En fin, la UASLP les prestó las instalaciones y la Secretaría de Turismo otorgó permisos para filmar en distintos puntos de la ciudad. La película se enunció como un filme independiente, razón por la cual no le pagaron a los extras que aparecieron en la cinta (pero cuánto dinero no estarán haciendo, sobre todo si consideramos que se trata de una coproducción con Netflix). En general, el ruido que hizo esta película antes de su estreno estuvo relacionado con el peligro de banalizar un movimiento tan golpeado por la prensa y acallado por el gobierno como lo es el feminismo.

En fin, dejando el ruido que causó antes, hoy quiero hablar de los aspectos que me hicieron ruido una vez que vi la película. Puedo identificar al menos cuatro elementos: 1) el uso poco coherente y confuso de las locaciones con fines estéticos; 2) falta de compromiso con el asunto en que se enmarca (¿feminismo? ¿desaparición forzada?); 3) diálogos forzados y actuaciones poco convincentes; 4) la representación del movimiento feminista es inverosímil y se acerca más a la idea que tiene tu tío el panista sobre las mujeres que asisten a las marchas; 5) la participación del colectivo Voz y Dignidad Por los Nuestro SLP  opaca por completo el resto de la cinta, lo que me hace pensar que se hubiera agradecido más un documental. En los siguientes párrafos desarrollaré con más detenimiento cada uno de estos puntos.

Vamos a empezar con un breve resumen del argumento de Ruido (2022). La cinta sigue a una madre que busca a su hija desde que desapareció nueve meses atrás. Su caso, como el de muchas otras más, ha tenido poco (nulo) avance y se ha topado en más de una ocasión con la corrupción de la Fiscalía. Ger desapareció en un viaje que realizó a la Huasteca Potosina. Después de reunirse con una periodista, Abril, ambas deciden emprender el viaje a San Luis Potosí para buscar a Ger. Este punto de la trama sirve para trasladar la historia a San Luis. Y aquí vienen los elementos confusos. La protagonista, Julia, se instala en el Hotel Panorama, ubicado en el corazón del Centro Histórico de la capital potosina, frente a la Plaza de los Fumadores (o Fundadores a secas, para los potosinos). El cuarto en que se instala Julia tiene vista al edificio central de la UASLP. Se asoma por la ventana y ve a un grupo de mujeres jóvenes colgando un tendedero de denuncias. Baja y se pone a vapear en los arcos Ipiña (ubicados a un costado del edificio central). Una de las chicas que está participando de esta actividad se le acerca y le dice que están acuerpando la lucha de quienes están allá adentro (y señala al edificio de la UASLP). En ese momento mi primer pensamiento fue que se trataba de estudiantes demandando por que se atiendan los múltiples casos de profesores acosadores (aunque esto no cuadraba, pues era de noche y el edificio suele estar cerrado después de las 7). En fin, ya después entendí que los directores quisieron que el edificio central fuera el equivalente a una fiscalía o al poder judicial. No puedo evitar pensar que el lugar les gustó para culminación de la marcha feminista que aparece más tarde en Ruido (2022) por su parecido con el Zócalo de la Ciudad de México: una plancha grande, un edificio con una arquitectura similar, ubicado en el centro, rodeado de dos calles principales. Este hecho, me parece, evidencia una falta de investigación por parte de quienes se encargaron de elegir las locaciones, pues las marchas feministas, en San Luis Potosí, culminan en el Poder Judicial del Estado, un edificio que asumo no ofrecía la misma estética capitalina-ish que sí ofreció el edificio central. Otra opción hubiera sido grabar en Palacio de Gobierno o Palacio Municipal, pero qué se le hace, uno no toma esas decisiones.

Más adelante, Julia y Abril toman un autobús para ir a la Huasteca. Una vez más, como habitante de San Luis Potosí, me desconcertó ver a las protagonistas esperar un camión que las llevaría a otro municipio (a la Huasteca!) en un paradero de camiones urbanos. No bastando con esto, Julia y Abril se suben a un camión urbano. Entiendo que para fines estéticos es más agradable un paradero con una estética vintage, que una central de autobuses muy parecida a la central del norte (simple, setentera, sin pretensiones arquitectónicas). Y, no me malentiendan, puedo comprender perfectamente que esta selección se hizo con fines estéticos y, dejando de lado la confusión espacial que puede causar en un potosino, me parece que el resultado final es bastante agradable. Sin embargo, la película no tiene coherencia ni cohesión con lo que establece, pues cuando Julia regresa de la Huasteca, aparece en la central de autobuses de San Luis. Desde mi punto de vista, esto habla de una edición y montaje descuidados. Quizás este aspecto lo notarán más quienes conocen San Luis Potosí, pero no quería dejar de señalarlos. Pues no solo evidencia una etapa de posproducción descuidada, sino también un desdén por investigar el modo en que se articulan los espacios en San Luis.

Ahora bien, retomando la escena en la que Julia se encuentra con una chica mientras preparan el tendedero de denuncias, tienen un intercambio que termina con un “¿O a poco tú eres de las que defiende monumentos?” muy poco convincente. Y como este hay varios diálogos así, forzados, que suenan como algo que no diría orgánicamente una persona. Las actuaciones tampoco ayudan, pues si bien algunos personajes incidentales o secundarios impregnan un aire de verosimilitud en sus actuaciones, no puede decirse lo mismo de las protagonistas. Si bien reconozco en la historia de Julia y Ger un dolor irreparable, éste viene dado más por la historia que por la actuación de Julieta Egurrola. Inclusive el video que realiza Ger mientras está en Tamasopo se siente como algo leído. También el diálogo que tiene Julia con su hijo por videollamada está lleno de clichés de película mexicana, por lo que no faltan las groserías sin provocación. Porque claro, así hablamos los mexicanos. Y esto no se trata tanto de un problema con el guion, sino más bien con la elección de los diálogos y la interpretación de éstos.

Eso me lleva a otro inconveniente: tanto en el tráiler como en la película misma están presentes no pocos elementos que hacen pensar que se trata de una cinta que quiere pronunciarse desde el feminismo. Por mencionar solo algunos de estos elementos: el grupo de apoyo al que asiste Julia, en el que se encuentran madres de mujeres desaparecidas, la marcha de feministas, (ALERTA DE SPOILER) cuando le dicen a Julia que mataron a su hija por ser mujer (para abusar de ella) (FIN DEL SPOILER). Quisiera retomar especialmente este último elemento porque la desaparición y asesinato de mujeres se da simplemente por el hecho de ser mujeres, de modo que incluir este tema en uno de los diálogos podría llevar al espectador a pensar que, en efecto, se trata de una película con perspectiva de género, pero termina mostrándose tibia en más de una ocasión. Por ejemplo, *SPOILER*, volviendo a la escena en la que Julia pregunta por qué mataron a Ger, la primera razón que le dieron fue: porque estaba consumiendo coca de otro proveedor. No es una cuestión de azar que esa haya sido la primera razón que le dieron a Julia (antes que incluso las razones de género), sino que muestra una postura que roza lo victimizante: la mataron porque andaba en malos pasos, porque se drogaba. **FIN DEL SPOILER**. Otro ejemplo paradigmático de esta tibieza es el discurso que da una de las feministas que asistió a la marcha: ella habla de personas desaparecidas y no de mujeres. Sobra decir que, aunque las feministas no son insensibles a las desapariciones de hombres y de niños, el foco de sus marchas siempre serán las mujeres, por lo que, de nuevo, se evidencia una falta de investigación y, sobre todo, falta de compromiso con la causa. Al final del día, parece que la película quiere venderse como feminista porque es el tema de moda, y no tanto porque sus creadores comprendan a cabalidad que la tipificación de los delitos en contra la mujer tienen su razón de ser (y que, por ende, meter en el mismo caso las desapariciones forzadas de periodistas y de mujeres desaparecidas por cuestiones de género no es lo más adecuado). 

Por si esto no bastara, la película se atreve a retratar a las feministas como un grupo de mujeres jóvenes que hacen de sus manifestaciones un momento de celebración y purga en el que se vale la destrucción sólo por el placer de hacerlo. Estas escenas, desde mi punto de vista, sólo ayudan a perpetuar la mala fama del movimiento, pues los destrozos parecen gratuitos. En estas escenas, también se obvia el sentimiento de sororidad que impera en las marchas; olvida, además, que los familiares de las víctimas de feminicidio encabezan estas manifestaciones, razón por la cual esas secuencias y escenas se sienten tan inverosímiles, pues hacen parecer a la manifestación como un juego, como un divertimento para las jóvenes. Nada más alejado de la realidad (y yo considero que sí se puede exigir verosimilitud a una película como Ruido).

Por último, un elemento que hace más notorias las fallas técnicas y narrativas de Ruido (2022) es la participación del colectivo Asociación Voz y Dignidad por los Nuestros SLP. Los diálogos de las mujeres que participaron se sienten muy espontáneos y naturales (lo que contrasta ampliamente con los diálogos de los personajes). Este hecho no es sorprendente pues, a fin de cuentas, esas mujeres están hablando desde su propia experiencia, no se trata de un performance para una película, sino de su propio dolor, de su lucha, de su vida y de la vida de sus familiares desaparecidos. En este punto quisiera señalar un último problema: Ruido (2022) tiene serios problemas para encontrar un ritmo, lo cual, de nuevo, se hace más evidente con la participación del colectivo. Las escenas con el colectivo tienen un ritmo y una estructura que se acerca más al documental que a la ficción. Dicho lo anterior, no puedo evitar pensar que se hubiera agradecido más un documental que una ficción que, además, tocó fibras sensibles en las mujeres potosinas que han (hemos) sufrido acoso y hostigamiento sexual en la UASLP. 


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